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La durabilidad de la madera, incluso de las más resistentes, no impide por sí sola el deterioro causado por agentes bióticos o atmosféricos. Las pérdidas económicas se cifran en grandes cantidades, además de los peligros derivados de la falta de resistencia mecánica, causada por el ataque de insectos a la madera de sustentación puesta en obra, tal como pilares, vigas, etc…

Estas circunstancias pueden evitarse con la aplicación de un determinado tratamiento.

La madera tratada adquiere un factor de durabilidad que la hace altamente competitiva con respecto al resto de materiales industriales, por su innumerable cantidad de prestaciones, además de su noble presencia.

La madera es un material muy utilizado en la construcción de edificios, suelos y muebles; que ofrece muchas ventajas con respecto a otros materiales de construcción, pero al ser de origen natural está expuesto a ser atacado por varios factores.

Externos: humedad, fuego, insolación y cambios bruscos de temperatura.
Biológicos: insectos y hongos xilófagos (que se alimentan de madera).

Existen muchas especies de insectos xilófagos, siendo los más comunes en esta zona: carcoma, Hilotrupes (capricornio), termitas, etc… Los primeros serían insectos que, en su fase larvaria, utilizan la madera para alimentarse. Los segundos se alimentan de madera durante toda su vida.

Los daños que causan los insectos son débiles al principio, pero cuando no se realiza ningún tipo de tratamiento pueden destruir la madera hasta el punto de provocar la caída de los edificios.

Hay que distinguir dos formas de tratamientos en función de los insectos causantes.